El otoño es una estación propicia para la recolección de una gran variedad de frutos secos, sobre todo los cubiertos de cáscara. El consumo de este tipo de alimentos es ideal en esta época del año porque, debido al frío, el cuerpo necesita un mayor número de calorías.

Aunque la mayoría de los frutos secos están disponibles todo el año, durante el otoño y gran parte del invierno podemos disfrutarlos recién recolectados, con sus propiedades mejor conservadas.

Sobre todo cuando es posible comprarlos con cáscara y abrirlos en casa. Sólo hay que probarlos: se nota en el sabor, mucho más fresco, y en la textura. Los frutos secos te aportan una gran dosis de energía junto con la fibra, que ayuda a ralentizar la asimilación de los hidratos de carbono y a evitar los picos de glucosa.

Aunque están disponibles todo el año, con el otoño llega la nueva cosecha de almendras y nunca están más tiernas ni ricas en nutrientes.

Al mismo tiempo, aportan vitaminas B1, B2, A, C y D. Vitamina E, un potente antioxidante que contribuye a ralentizar el proceso de envejecimiento de las células. Con sólo 30 gramos, cubrimos más del 60% de las necesidades diarias de este nutriente.

En general, los frutos secos son ricos en grasas poliinsaturadas, pero las avellanas son ricas en grasas monoinsaturadas como las del aceite de oliva, que reducen el colesterol «malo» (LDL) y aumentan el «bueno» (HDL).

Lo mejor es comerlas crudas para que las grasas no se alteren y no se pierda la vitamina E. Para que se conserven aún más frescos, puedes comprarlos con la cáscara, que es bastante dura, y partirlos al comerlos.

Una de las funciones de los frutos secos en la dieta es aportar proteínas. Los pistachos destacan en este sentido, ya que contienen 6,5 gramos en un solo puñado de 30 gramos. Los pistachos son ricos en cobre, que refuerza la inmunidad. También son ricos en vitaminas B6 y B1, fósforo y manganeso.

Los piñones contienen una alta concentración de proteínas vegetales, esenciales para la mayoría de las funciones de nuestro organismo. Esta característica los convierte en un alimento ideal para veganos y vegetarianos. También son ricos en vitaminas del grupo B y en antioxidantes, necesarios para el correcto funcionamiento neuromuscular y para combatir el daño celular causado por el proceso de envejecimiento.

La principal característica de las nueces pecanas es su alto contenido en grasas saludables de alta calidad, especialmente en ácidos grasos omega-3. Éstos no sólo contribuyen a mantener un sistema circulatorio sano, sino que también intervienen en la asimilación de las grasas por parte del organismo. También son ricos en fibra, vitaminas del grupo B y magnesio.