¿Qué harías en las siguientes situaciones?

Eres un agricultor de tomates cuyos cultivos están amenazados por una especie persistente de escarabajo. Cada año, gastas grandes sumas de dinero en plaguicidas para proteger tus cultivos. Una empresa de biotecnología introduce una nueva cepa de planta de tomate que produce un plaguicida natural, haciéndola resistente al escarabajo. Al cambiar a esta nueva cepa, podrías evitar tanto al escarabajo como los pesticidas químicos tradicionalmente necesarios para combatirlo.

Imaginemos otra situación. Eres es el líder de una nación en desarrollo. El hambre es un problema entre tus ciudadanos: los humedales costeros salados de tu país no pueden soportar el crecimiento de los cultivos necesarios, y su lenta economía no puede soportar la importación de suficientes alimentos para todos. Una empresa de biotecnología ha modificado genéticamente una planta de arroz que puede prosperar en agua salada, proporcionando a tu nación la oportunidad de alimentar a sus ciudadanos y al mismo tiempo reforzar su economía.

Nuestra capacidad de manipular las plantas introduciendo nuevos genes promete soluciones innovadoras a estos y muchos otros problemas del mundo real. Sin embargo, existe una considerable oposición al uso de plantas genéticamente modificadas para la producción de alimentos y otros usos.

La ingeniería genética ofrece un método que ahorra tiempo para producir cultivos más grandes y de mayor calidad con menos esfuerzo y gasto. Sin embargo, esos beneficios deben equilibrarse con los riesgos de modificar la composición genética de los organismos.

¿Cuáles son esos riesgos y qué probabilidades hay de que se produzcan? Para definirlos, necesitamos comprender la ciencia de la ingeniería genética de las plantas.

Modificado genéticamente: ¿de qué estamos hablando exactamente?

Durante miles de años, los humanos han estado mejorando genéticamente otros organismos mediante la práctica de la cría selectiva. Mira a tu alrededor: el maíz dulce y las sandías sin semillas en el supermercado, los perros de pura raza en el parque, y el preciado rosal de tu vecino son todos ejemplos de cómo los humanos han mejorado selectivamente rasgos deseables en otros seres vivos.

Sin embargo, el tipo de mejora genética que genera más preocupación va un paso más allá de la cría selectiva. La tecnología nos permite ahora transferir genes entre organismos. Por ejemplo, la resistencia del escarabajo de la planta de tomate se basa en un gen de una bacteria (Bacillus thuringiensis), que los científicos insertaron en el genoma de la planta de tomate. Este gen, llamado cry1Ac, codifica una proteína que es venenosa para ciertos tipos de insectos, incluido el escarabajo.

¿Cómo se hace esto? La tecnología de transferencia de genes es simplemente una versión sofisticada de una operación de cortar y pegar. Una vez que se identifica el gen deseado en el genoma del organismo nativo, se puede cortar, transferir a la planta objetivo y pegar en su genoma.

Beneficios versus riesgos de las plantas genéticamente modificadas

¿Puedes pensar en algunos posibles riesgos de cultivar plantas que contengan genes de otros organismos? Examinemos nuestros ejemplos anteriores: el tomate resistente a los escarabajos, el plátano de vacunación y la planta de arroz de agua salada. Ya hemos cubierto las ventajas potenciales de estas plantas, pero ¿cuáles son las “desventajas”?

Cruce con poblaciones silvestres

 En todos estos ejemplos, una preocupación primordial es evitar que las versiones genéticamente modificadas se mezclen con las poblaciones naturalmente existentes de plantas de las que se derivan. Las plantas dependen de la transferencia de polen, a través de los insectos o del aire, para reproducirse y producir descendencia, y es difícil controlar cómo se cruzan en el medio silvestre.

En la mayoría de los casos, todavía no está claro cómo la introducción del gen no nativo afectaría a las poblaciones silvestres. Los críticos de la tecnología de las plantas modificadas genéticamente citan la necesidad de aprender más sobre los posibles efectos a largo plazo de las plantas modificadas genéticamente en el medio ambiente antes de producirlas en masa.

Toxicidad o reacciones alérgicas

Muchas personas sufren de alergias a diversos alimentos, como las nueces, el trigo, los huevos o los productos lácteos. Existe la preocupación de que los productos proteínicos de los genes introducidos puedan ser tóxicos o alergénicos para ciertos individuos.

Cuando los agricultores empiezan a cultivar productos modificados genéticamente, dejan de cultivar las variedades antiguas. Estas antiguas variedades son fuentes importantes de diversos genes que dan a las plantas otras características deseables. Por ejemplo, una nueva plaga o enfermedad podría aparecer y destruir el arroz modificado genéticamente. Si una de las antiguas variedades de arroz tiene un gen que la hace resistente, podría ser cruzada para que el arroz de agua salada también sea resistente. Si perdemos las antiguas variedades, también perdemos sus genes útiles.

Se ha estimado que el 70% de todos los alimentos procesados en los Estados Unidos contienen por lo menos un ingrediente genéticamente modificado, generalmente un producto de las plantas de soja. Hay iniciativas en marcha para exigir a los fabricantes de alimentos que proporcionen un etiquetado claro en los productos alimenticios procesados que contengan ingredientes genéticamente modificados. Esto facilitaría que las personas con alergias evitaran los alimentos que pudieran suponerles un peligro, y permitiría a quienes se oponen a los alimentos genéticamente modificados optar por no comprarlos.

A diferencia de países como Australia o Japón, en España no existen actualmente leyes que obliguen a las empresas a etiquetar los productos que contienen ingredientes genéticamente modificados.

A pesar de la controversia que los rodea, las plantas genéticamente modificadas han echado raíces en nuestro mundo. Como ocurre con cualquier nueva tecnología, los miembros de la sociedad tienen la responsabilidad de informarse sobre las plantas genéticamente modificadas, a fin de tomar decisiones sobre su uso responsable y su regulación.